jueves, 20 de enero de 2011

TRASTORNO DEL DESARROLLO DE LA COORDINACION Y TARTAMUDEO

CARACTERISTICAS DIAGNOSTICAS

La característica esencial del trastorno del desarrollo de la coordinación es una alteración significativa del desarrollo de la coordinación motora (Criterio A). El diagnóstico sólo se establece si tal afectación interfiere significativamente el rendimiento académico o las actividades de la vida cotidiana (Criterio B). El diagnóstico se establece si las deficiencias de la coordinación no se deben a una enfermedad médica (p. ej parálisis cerebral, hemiplejía, o distrofia muscular) y no se
cumplen los criterios del trastorno generalizado del desarrollo (Criterio C). Si hay un retraso mental, las deficiencias motoras exceden de las habitualmente asociadas a él (Criterio D). Las manifestaciones de este trastorno varían en función de la edad y la etapa del desarrollo. Por ejemplo, los niños pequeños pueden manifestar torpeza y retrasos en la consecución de hitos del desarrollo motor (p. ej caminar, gatear, sentarse, anudar los zapatos, abrocharse las camisas, subir y bajar una cremallera). Los niños mayores pueden manifestar dificultades en tareas motoras como hacer
rompecabezas, construir modelos, jugar a la pelota y escribir.



SINTOMAS Y TRASTORNOS ASOCIADOS

Habitualmente, el trastorno del desarrollo de la coordinación se asocia a retrasos en otras áreas del desarrollo no motor. Los trastornos asociados pueden incluir trastorno fonológico, trastorno del lenguaje expresivo y trastorno mixto del lenguaje receptivo-expresivo

PREVALENCIA

Se ha estimado que la prevalencia del trastorno del desarrollo de la coordinación es de un 6 % en los niños de 5 a 11 años de edad.

CURSO

Habitualmente, el reconocimiento de un trastorno del desarrollo de la coordinación suele ocurrir en los primeros intentos del niño por realizar tareas como correr, utilizar cuchillo y tenedor,abrocharse los vestidos o jugar a la pelota. El curso es variable. En algunos casos la falta de coordinación se prolonga durante la adolescencia y la vida adulta.

DIAGNOSTICO DIFERENCIAL

El trastorno del desarrollo de la coordinación debe distinguirse de afectaciones motoras debidas a una enfermedad médica. Los problemas de la coordinación pueden estar asociados a enfermedades neurológicas específicas (p. ej., parálisis cerebral y lesiones progresivas del cerebelo), pero en estos casos existe una lesión neurológica definida y hallazgos anormales en la exploración neurológica. Si hay un retraso mental, el trastorno del desarrollo de la coordinación sólo puede diagnosticarse si las deficiencias motoras exceden de las habitualmente asociadas con el retraso mental. Cuando se cumplen los criterios de un trastorno generalizado del desarrollo, no se establece el diagnóstico de trastorno del desarrollo de la coordinación. Los sujetos afectos de un trastorno por déficit de atención con hiperactividad pueden caerse, chocar con los objetos, golpearlos, pero todo esto suele deberse a su distraibilidad e impulsividad más que a una afectación motora. Si se cumplen los criterios de ambos diagnósticos, deben formularse los dos.

                                                        TARTAMUDEO

CARACTERISTICAS DIAGNOSTICAS

La característica esencial del tartamudeo es un trastorno de la fluidez normal y estructuración temporal del habla, que es inapropiada para la edad del sujeto (Criterio A). Este trastorno se caracteriza por frecuentes repeticiones o prolongaciones de sonidos o sílabas (Criterios A1 y A2). También se observan otros tipos de alteraciones de la fluidez del habla, entre las que se incluyen interjecciones (Criterio A3), fragmentación de palabras (p. ej., pausas dentro de una palabra) (Criterio A4), bloqueo audible o silencioso (p. ej., pausas en el habla ocupadas o no) (Criterio A5), circunloquios (esto es, sustituciones de palabras para evitar palabras problemáticas) (Criterio A6), palabras producidas con un exceso de tensión física (Criterio A7) y repeticiones de palabras monosilábicas (p. ej Yo-yo-yo le ver). La alteración de la fluidez interfiere el rendimiento académico o laboral, o la comunicación social (Criterio B). Si hay un déficit sensorial o motor del habla, las deficiencias del habla son superiores a las asociadas usualmente a estos problemas (Criterio C). Si hay un déficit sensorial o motor del habla o una enfermedad neurológica, se codificarán también en el Eje III. La intensidad del trastorno varía en función de las situaciones y a menudo es más grave cuando se produce una presión especial para comunicar (p. ej ser preguntado en clase o entrevistado para conseguir un empleo). El tartamudeo suele no producirse durante una lectura oral, cantando o hablando a objetos inanimados o animales.



SINTOMAS Y TRASTORNOS ASOCIADOS

Al iniciarse el tartamudeo, el sujeto puede no ser consciente del problema, desarrollándose posteriormente la conciencia e incluso la anticipación ansiosa de su dificultad. El sujeto puede intentar evitar el tartamudeo mediante mecanismos lingüísticos (p. ej., alterando la velocidad del habla, evitando ciertas situaciones verbales como telefonear o hablar en público, o evitando ciertas palabras o sonidos). El tartamudeo puede acompañarse de ciertos movimientos (p. ej., parpadeos, tics, temblores de los labios o el rostro, extensiones bruscas de la cabeza, movimientos respiratorios o apretar los puños). Se ha observado que el estrés o la ansiedad exacerban el tartamudeo. Debido a la ansiedad, frustración o baja autoestima asociadas, puede producirse una alteración de la actividad social. En los adultos, el tartamudeo puede limitar la elección o el progreso laborales. En las personas con tartamudeo, el trastorno fonológico y el trastorno del lenguaje expresivo se producen
con mayor frecuencia que en la población general.

PREVALENCIA

La prevalencia de tartamudeo en niños prepuberales es del 1 % y desciende al 0,8 % en la adolescencia. La proporción varón a mujer es aproximadamente 3:1.

PATRON FAMILIAR

Los estudios de familias y gemelos han suministrado sólidas pruebas de la existencia de un factor genético en la etiología del tartamudeo. La presencia de un trastorno fonológico o un trastorno del lenguaje expresivo de tipo evolutivo, o una historia familiar de ambos, incrementa la probabilidad de tartamudeo. El riesgo de tartamudeo entre familiares biológicos de primer grado es tres veces superior al riesgo observado en la población general. En el caso de varones tartamudos, alrededor del 10 % de sus hijas y el 20 % de sus hijos también lo serán.

DIAGNOSTICO DIFERENCIAL

Las dificultades del habla pueden estar asociadas a una deficiencia auditiva u otro déficit sensorial o a un déficit motor del habla. Cuando las dificultades del habla exceden de las habitualmente asociadas a estos problemas, puede establecerse un diagnóstico simultáneo de tartamudeo. El tartamudeo debe distinguirse de las anomalías de la fluidez verbal normales que se producen frecuentemente en niños pequeños y que incluyen repeticiones de palabras enteras o de frases (p. ej quiero, quiero un helado), frases incompletas, interjecciones, pausas injustificadas y observaciones entre paréntesis.

Manuel J. Gómez M.
Electrónica del Estado Sólido
Sección: 02
DSM-IV Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales

RETRASO MENTAL

Características diagnósticas

             La característica esencial del retraso mental es una capacidad intelectual general significativamente inferior al promedio (Criterio A) que se acompaña de limitaciones significativas de la actividad adaptativa propia de por lo menos dos de las siguientes áreas de habilidades: comunicación, cuidado de sí mismo, vida doméstica, habilidades sociales/interpersonales, utilización de recursos comunitarios, autocontrol, habilidades académicas funcionales, trabajo, ocio, salud y seguridad. (Criterio B). Su inicio debe ser anterior a los 18 años de edad (Criterio C). El retraso mental tiene diferentes etiologías y puede ser considerado como la vía final común de varios procesos patológicos que afectan el funcionamiento del sistema nervioso central. La capacidad intelectual general se define por el coeficiente de inteligencia (CI o equivalente de CI) obtenido por evaluación mediante uno o más tests de inteligencia normalizados, administrados individualmente. Una capacidad intelectual significativamente inferior al promedio se define como un CI situado alrededor de 70 o por debajo de 70 (aproximadamente 2 desviaciones típicas por debajo de la media). Al evaluar un CI, hay que tener en cuenta que se produce un error de medida de aproximadamente 5 puntos, aunque este error puede variar de un instrumento a otro (p. ej un CI de 70 en la escala de Weschler se considera que representa un intervalo de 65-75). De este modo es posible diagnosticar retraso mental en sujetos con coeficientes intelectuales situados entre 70 y 75, pero que manifiestan déficit significativos de su comportamiento adaptativo. Por el contrario, no se diagnosticaría retraso mental en un individuo con un CI inferior a 70 que careciera de déficit o insuficiencias significativas en su capacidad adaptativa. La elección de instrumentos de evaluación y la interpretación de los resultados deben tener en cuenta factores que pueden limitar el rendimiento en los tests (p. ej el origen sociocultural del sujeto, su lengua materna y sus discapacidades sensoriales, motoras y comunicativas asociadas). Cuando en las puntuaciones de los subtests se produce una dispersión significativa, las aptitudes de aprendizaje del sujeto quedarán mejor reflejadas por el perfil de aciertos y fracasos que por el CI de la escala total derivado matemáticamente. Cuando aparece una discrepancia notable entre las puntuaciones verbal y manipulativa, puede llevar a confusiones el promediarlas a fin de obtener una puntuación CI total.


Retraso mental

                Las personas con retraso mental suelen presentar incapacidades adaptativas más que un CI bajo. La capacidad adaptativa se refiere a cómo afrontan los sujetos efectivamente las exigencias de la vida cotidiana y cómo cumplen las normas de autonomía personal esperables de alguien situado en su grupo de edad, origen sociocultural, y ubicación comunitaria particulares. La capacidad adaptativa puede estar influida por distintos factores, entre los que se incluyen características escolares, motivacionales y de la personalidad, oportunidades sociales y laborales, así como los trastornos mentales y las enfermedades médicas que pueden coexistir con el retraso mental. Probablemente las ayudas terapéuticas pueden mejorar más los problemas de adaptación que el CI cognoscitivo, el cual suele ser un atributo mucho más estable a lo largo del tiempo.

                  Es útil recoger pruebas de los déficit de la capacidad adaptativa a partir de una o más fuentes fiables independientes (p. ej evaluación del maestro e historia médica, evolutiva y académica). También se han elaborado varias escalas para medir capacidad o comportamiento adaptativos (p. ej., las Vineland Adaptative Behavior Scales y las American Association on Mental Retardation Adaptative Behavior Scales). Estas escalas suelen suministrar un punto de corte clínico basado en el rendimiento demostrado en distintas áreas de la capacidad adaptativa. Debe considerarse que las
puntuaciones obtenidas en ciertas áreas particulares no se incluyen en algunos de estos instrumentos y que las puntuaciones concretas pueden variar considerablemente en cuanto a su fiabilidad.

                Al igual que en la evaluación de la capacidad intelectual, debe tenerse en cuenta la idoneidad del instrumento de acuerdo con el nivel sociocultural del sujeto, su educación, posibles discapacidades asociadas, su motivación y su cooperación. Por ejemplo, la presencia de discapacidades significativas invalidan muchas normas de una escala adaptativa. Además, comportamientos que normalmente se considerarían desadaptativos (p. ej dependencia, pasividad) pudieran evidenciar una adaptación satisfactoria en el contexto de la vida de una persona concreta (p. ej en ciertos establecimientos institucionales).

GRAVEDAD DEL RETRASO MENTAL
               Pueden especificarse cuatro grados de intensidad, de acuerdo con el nivel de insuficiencia intelectual:

* Retraso mental leve: CI entre 50-55 y aproximadamente 70. El retraso mental leve es equivalente en líneas generales a lo que se considera en la categoría pedagógica como «educable». Este grupo incluye a la mayoría (alrededor del 85 %) de las personas afectadas por el trastorno. Consideradas en su conjunto, tales personas suelen desarrollar habilidades sociales y de comunicación durante los años preescolares (0-5 años de edad), tienen insuficiencias mínimas en las áreas sensoriomotoras y con frecuencia no son distinguibles de otros niños sin retraso mental hasta edades posteriores. Durante los últimos años de su adolescencia,
pueden adquirir conocimientos académicos que les sitúan aproximadamente en un sexto curso de enseñanza básica. Durante su vida adulta, acostumbran adquirir habilidades sociales y laborales adecuadas para una autonomía mínima, pero pueden necesitar supervisión, orientación y asistencia, especialmente en situaciones de estrés social o económico desusado. Contando con apoyos adecuados, los sujetos con retraso mental leve acostumbran a vivir satisfactoriamente en la comunidad,
sea independientemente, sea en establecimientos supervisados.

* Retraso mental moderado: CI entre 35-40 y 50-55.
El retraso mental moderado equivale aproximadamente a la categoría pedagógica de adiestrable. No debería utilizarse este término anticuado, porque implica erróneamente que las personas con retraso mental moderado no pueden beneficiarse de programas pedagógicos. Este grupo constituye alrededor del 10 % de toda la población con retraso mental. La mayoría de los individuos con este nivel de retraso mental adquieren habilidades de comunicación durante los primeros años de la niñez. Pueden aprovecharse de una formación laboral y, con supervisión moderada, atender a su propio cuidado personal. También pueden beneficiarse de adiestramiento en habilidades sociales y laborales, pero es improbable que progresen más allá de un segundo nivel en materias escolares. Pueden aprender a trasladarse independientemente por lugares que les son familiares. Durante la adolescencia, sus dificultades para reconocer las convenciones sociales pueden interferir las relaciones con otros muchachos o muchachas. Alcanzada la etapa adulta, en su mayoría
son capaces de realizar trabajos no cualificados o semicualificados, siempre con supervisión, en talleres protegidos o en el mercado general del trabajo. Se adaptan bien a la vida en comunidad, usualmente en instituciones con supervisión.

* Retraso mental grave: CI entre 20-25 y 35-40.
El grupo de personas con retraso mental grave incluye el 3-4 % de los individuos con retraso mental. Durante los primeros años de la niñez adquieren un lenguaje comunicativo escaso o nulo. Durante la edad escolar pueden aprender a hablar y pueden ser adiestrados en habilidades elementales de cuidado personal. Se benefician sólo limitadamente de la enseñanza de materias preacadémicas como la familiaridad con el alfabeto y el cálculo simple, pero pueden dominar ciertas
habilidades como el aprendizaje de la lectura global de algunas palabras imprescindibles para la supervivencia
. En los años adultos pueden ser capaces de realizar tareas simples estrechamente supervisados en instituciones. En su mayoría se adaptan bien a la vida en la comunidad, sea en hogares colectivos o con sus familias, a no ser que sufran alguna discapacidad asociada que requiera cuidados especializados o cualquier otro tipo de asistencia.

* Retraso mental profundo: CI inferior a 20 o 25.
El grupo afecto de retraso mental profundo incluye aproximadamente el 1-2% de las personas con retraso mental. La mayoría de los individuos con este diagnostico presentan una enfermedad neurológica identificada que explica su retraso mental. Durante los primeros años de la niñez desarrollan considerables alteraciones del funcionamiento sensoriomotor. Puede predecirse un desarrollo óptimo en un ambiente altamente estructurado con ayudas y supervisión constantes, así como con una relación individualizada con el educador. El desarrollo motor y las habilidades para la comunicación y el cuidado personal pueden mejorar si se les somete a un adiestramiento adecuado. Algunos de ellos llegan a realizar tareas simples en instituciones protegidas y estrechamente supervisados.

* Retraso mental de gravedad no especificada, es una categoría que puede utilizarse
cuando exista una clara presunción de retraso mental, pero no sea posible verificar la inteligencia del sujeto mediante los tests usuales (p. ej en individuos excesivamente deficitarios o no cooperadores, o en el caso de los niños pequeños). El diagnóstico de retraso mental, de gravedad no especificada, debe utilizarse cuando exista una clara presunción de retraso mental, pero la persona en cuestión no puede ser evaluada satisfactoriamente mediante los tests de inteligencia usuales. Éste puede ser el caso de ciertos niños, adolescentes o adultos con excesivas insuficiencias o falta de cooperación, lo que impide que sean evaluados. También puede ocurrir en el caso de niños que clínicamente son considerados intelectualmente por debajo del promedio, pero en quienes los tests disponibles no proporcionan valores de CI. 
En general, cuanto menor es la edad, tanto más difícil es evaluar la presencia de retraso mental excepto en los sujetos con afectación profunda.

Manuel J. Gómez M.
Electrónica del Estado Sólido
Sección: 02
DSM-IV Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales

miércoles, 19 de enero de 2011

TRASTORNO DE PANICO O CRISIS DE ANGUSTIA

             El Trastorno de pánico (o ansiedad paroxística episódica), se caracterizaría por “crisis recurrentes de ansiedad grave (pánico) no limitadas a ninguna situación o conjunto de circunstancias particulares”. Son, por lo tanto, imprevisibles.
             Los síntomas varían de un caso a otro, de una persona a otra, pero los más frecuentes son: taquicardia, dolor en la zona del corazón, sensación de asfixia, mareo o vértigo y, muchas veces, sensación de irrealidad (lo que se conoce como síndrome de despersonalización y/o desrealización). Casi siempre estos síntomas son acompañados por miedo a morir (sensación de muerte inminente), a perder el control o a enloquecer. Cada crisis suele durar sólo unos minutos, desde unos pocos a 20’, raramente más.


                         

              Muchas veces el miedo, el dolor torácico o la asfixia, y los síntomas vegetativos (sudoración, nauseas, vómitos…), se tornan tan insoportables que la persona huye del lugar en que se encuentra. Después de un ataque de pánico, la persona empieza a temer que se repita, y a evitar lugares similares a aquel en que se produjo el ataque (los restaurantes en el caso mencionado y, por extensión, todo lugar en que haya mucha gente y no permita una rápida huida). La repetición de los ataques de pánico termina por producir una fobia a estar solos o a ir a lugares públicos, por lo que es muy frecuente que el Trastorno de Angustia se acompañe por Agorafobia: temor angustioso a los grandes espacios y a los espacios abiertos.

             Resulta particularmente llamativo el temor a sufrir una crisis en un lugar público, bajo la presencia de desconocidos. Una enorme vergüenza a ser visto en ese estado angustioso. Finalmente, la persona termina por tener pánico al pánico. Por lo que empieza por evitar ciertas circunstancias que le parecen favorecedoras de las crisis, y termina por limitar el conjunto de su vida en función del intento de evitar la repetición de estos ataques.
ANGUSTIA AUTOMATICA

                Queda expresado entonces que, después de la primera crisis de pánico, la angustia ya no está sólo en relación con sus causas originales, sino también con el propio recuerdo de la situación en que se produjo ese ataque, que funciona como una situación traumática (el miedo al restaurante, medio de transporte o al lugar público o privado en que se produjo), potencialmente capaz de desencadenar una nueva crisis.
El ataque de pánico corresponde así a lo que se ha dado en llamar “angustia automática”: reacción angustiosa ante una situación traumática. La persona se encuentra invadida por una cantidad de excitación (por causas externas o internas) que la desborda y no puede controlar, produciéndose un desencadenamiento de angustia, o sus equivalentes síntomas somáticos, de forma automática, sin que llegue a producirse un pensamiento que justifique esa angustia y, muchas veces, sin aviso previo, por lo que la coge desprevenida.

             Muchos autores han encontrado en los síntomas característicos (asfixia, taquicardia, etc.) una reproducción de los producidos en el primer trauma de todo ser humano, mucho antes de que pudiera llegar a representarse lo que experimenta: el trauma del nacimiento.

SEÑAL DE ANGUSTIA

Después del primer ataque, cuando la persona se encuentre en una situación potencialmente “peligrosa”, por reproducir las circunstancias en que se produjo el ataque, se reproducen los síntomas aunque en forma atenuada, lo que sirve al individuo como señal de alarma para una reacción defensiva (generalmente la huida). Se trata de lo que conocemos como “angustia señal”, que surge ante un indicador conectado con la situación que originalmente provocó el ataque de pánico (en inglés se llama panic button al botón de alarma).

SIN CAUSA APARENTE

            En la clínica el ataque de pánico, o trastorno de angustia, casi nunca se presenta solo. A poco que se escarbe siempre aparece otra problemática de la que el ataque de pánico es su manifestación más aparente y a la que, precisamente por la aparatosidad de sus síntomas, enmascara: hipocondría, agorafobia, alguna otra fobia, trastornos del sueño, distimia u otro trastorno del estado de ánimo, somatizaciones, trastornos de la personalidad, conflictos en las relaciones con otras personas, y un largo etcétera.


Manuel J. Gómez M.
Electrónica del Estado Sólido
Sección: 02
 

FOBIA SOCIAL

             En la fobia social o trastorno de ansiedad social, el miedo del paciente está esencialmente centrado en el terror que pueda experimentar durante un acto en donde se sienta humillado o abochornado ante los demás. Estos pacientes evitan diversidad de situaciones donde podrían estar expuestos a interactuar con otras personas. Estas situaciones son muy variadas y muy subjetivas. Las más reconocidas son el temor a hablar, comer o escribir en público, asistir a reuniones o fiestas, acudir a entrevistas y utilizar sanitarios públicos. También, existe el miedo a que la gente los señale y los pueda ridiculizar en situaciones sociales.

 
              Es generalizada si el miedo social comprende la mayoría de situaciones sociales, y suele ser más grave e incapacitante, e implica una edad de inicio inferior a las de las fobias sociales limitadas; generalmente, estos pacientes pueden permanecer solteros y sienten más miedos en las interacciones sociales y suelen padecer enfermedades depresivas atípicas y tener comorbilidad con el alcoholismo.



             La ansiedad que se genera está ligada al estímulo; si el paciente es sorprendido por la situación fóbica sufre una importante ansiedad que se asocia con muchos síntomas físicos. Dentro de éstos aparecen la sudoración, la ruborización y la sequedad de boca diferenciándose muchas veces, de los síntomas que aparecen en las crisis de angustia como son las palpitaciones y el dolor o la opresión precordial. La ruborización es uno de lo síntomas somáticos más característicos; entre los cognitivos principalmente aparecen la tendencia a autoobservarse, la autoapreciación negativa en su desenvolvimiento social, la dificultad para captar los aspectos no verbales de la propia conducta , la poca valoración de la competencia social en interacciones positivas y un sesgo positivo hacia la valoración de la competencia social de los demás.

               Los pacientes con una fobia social limitada pueden mantenerse relativamente libres de síntomas mientras no se expongan a la situación que despierta la enfermedad. Al enfrentarse a tal situación logran experimentar una ansiedad anticipatoria intensa. La coexistencia de múltiples miedos sociales puede provocar una desmoralización crónica, aislamiento social con deterioro en las actividades cotidianas tanto profesionales como interpersonales. Muchos de estos pacientes recurren al alcohol o a tranquilizantes buscando manejar los fenómenos de malestar que se desprenden de esta enfermedad lo que puede originar, en varios casos abuso de estas sustancias. Se ha logrado identificar en diversos pacientes con fobia social generalizada en relación con individuos con fobia a hablar en público que se trata de sujetos más jóvenes, con menor nivel de educación, con tasa de desempleo mayor y son más propensos a desarrollar ansiedad, depresión y miedo a la evaluación social negativa.

              Podemos destacar dos tipos de abordaje terapéutico en la fobia social: el farmacológico y el psicoterapéutico (con terapias cognitivo-conductuales). En el primero, sin entrar en mayores detalles, mencionamos los psicofármacos, como los inhibidores de la monoaminooxidasa de alta eficacia aunque son difíciles de tolerar y requieren restricciones dietéticas (fenelcina, tranilcipromina ); los inhibidores reversibles de la monoaminooxidasa, sin tantos riesgos como los anteriores (moclobemida, brofaromina); los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (fluvoxamina, sertralina, fluoxetina, paroxetina); las benzodiacepinas (el clonacepam ha sido de mayor utilidad por su larga duración); la buspirona, en especial cuando se asocian con estados de ansiedad generalizada y los beta-bloqueadores, aunque no tienen mayor eficacia en pacientes con fobia social generalizada (propranolol, atenolol). En las psicoterapias, sabemos que de todas maneras, los pacientes necesitan apoyo emocional y confianza con su terapeuta. En algunos casos el inducir al paciente a enfrentarse a las situaciones fóbicas, puede ser suficiente; en otros, se puede requerir programación conductual más estructurada y prolongada. La terapia psicodinámica es otro sistema importante e interesante en pacientes con adecuado material introspectivo que requieren un manejo más profundo, donde aparecen conflictos subyacentes asociados a la ansiedad fóbica y a la evitación. Muchos autores recomiendan utilizar paralelamente ambas terapias.
 
Manuel J. Gómez M.
Electrónica del Estado Sólido
Sección: 02

MANEJO DEL PACIENTE SUICIDA, DESDE EL NIVEL DE ATENCION PRIMARIA

              La palabra “suicidio” proviene del latín sui (sí mismo) y caedere (matar) que lo define como el hecho de matarse a sí mismo. La OMS define "el acto suicida" como toda acción por la que un individuo se causa a sí mismo un daño, con independencia del grado de intención letal y de que conozcamos o no los verdaderos motivos (OMS, 1976). Otros consideran el suicidio como una conducta encaminada a la eliminación de la propia vida que implica directamente un fallo del instinto de conservación.

              

CLASIFICACIÓN


             Desde el punto de vista de la psicopatología podemos distinguir cuatro tipos de suicidio (Ocio, 2004):

POR ABANDONO PUNITIVO (intento de suicidio): No es de una conducta contra el instinto de conservación de la vida; la finalidad no es la muerte, sino que se recurre al intento de suicidio como último sistema desesperado de entablar una comunicación. Se adivina un contenido de chantaje afectivo y el sujeto deja escaso margen de posibilidades de alcanzar la muerte, se trata de personas que lo han intentado varias veces y con cierto aire teatral. Debemos de tener en cuenta que en ocasiones, dicha conducta, puede alcanzar su fin.

POR EVASION ANTE DIFICULTADES VITALES: Sobre todo, ante abandono afectivo (lutos, separación, etc.), puede aparecer la muerte como la única solución al problema de vivir solo.
Este tipo de suicidios es muy de temer en personas que desde su infancia han sufrido rechazos afectivos, ya que ante un nuevo rechazo, puede aparecer la conducta suicida. En este grupo es muy importante la impulsividad, que en determinados suicidas, es más fuerte que la motivación.

SUICIDIO COMO AUTOCASTIGO: La conducta suicida aparece como un síntoma dentro del cuadro de depresiones endógenas o en las depresiones involutivas. También se da en personalidades sensitivas que desarrollan cuadros depresivos al no alcanzar la meta "triunfo" deseada.

SUICIDIO DELUSIVO: Las motivaciones son muy variadas, en general el enfermo llega a él de formas muy extrañas (tragando piedras, quemándose, ahogándose en un cubo, etc.). Es frecuente la coexistencia con brutales automutilaciones, principalmente de órganos sexuales (castración, etc.). Detrás de un suicidio de este tipo puede existir: Ideas delirantes persecutorias o místicas (tiene que cumplir una misión, reunirse con los elegidos, se lo ordena una voz, etc.), o simples deseos, (por ejemplo: quiere salir andando por la ventana de un 4º piso). Dentro de este grupo hay que incluir los suicidios cometidos bajo la influencia de drogas psicodislépticas (LSD, etc.) ya que tienen las mismas características.

FACTORES SOCIODEMOGRÁFICOS

* Los hombres tienen una mayor tasa de suicidios consumados y las mujeres de tentativas.
* Edad avanzada, con una máxima incidencia de suicidio en los 75 años para los hombres y en los 55-65 años para las mujeres. También son un grupo de alto riesgo los adolescentes.
* Estado civil: más frecuente en personas viudas, separadas y solteras, que viven solas.
* La ausencia de creencias religiosas.
* El desempleo o el trabajo no cualificado, la jubilación, las situaciones de cambio, de ruptura o desarraigo son también factores de riesgo suicida.

Antecedentes personales: Intentos de suicidio previos. Aunque dos terceras partes de los suicidios ocurren en el primer intento, el tener tentativas previas se considera un factor de riesgo. Entre el 25 y el 50% de los actos consumados tienen historia conocida de intentos previos. Existe una tendencia a repetir los mismos gestos suicidas. El intento de suicidio previo es el mejor predictor futuro de suicidio consumado.

La presencia de enfermedad psiquiátrica: Más del 90% de los pacientes que se han suicidado tenían un diagnóstico psiquiátrico en el momento de la muerte, sobre todo depresión (30-70%), abuso de sustancias (alcoholismo o toxicomanías) (15-25%), esquizofrenia (más del 10% fallecen por suicidio) y trastorno de personalidad (25%). 

Síntomas psiquiátricos inespecíficos como desesperanza, ansiedad, agitación. Los sentimientos de desesperanza son un factor prospectivo independiente de riesgo de suicidio. Es más peligrosa la desesperación que la pasividad y la autoculpa que culpar a los demás.

Factores situacionales como estresores psico-sociales (abandono o pérdidas de familiares) y disponibilidad de métodos, como por ejemplo disponer de armas de fuego.

Enfermedad somática crónica y de mal pronóstico, como accidente vascular encefálico, esclerosis múltiple, SIDA, cáncer, etc. Aproximadamente en el 50% de los intentos se aprecia enfermedad física, destacando el dolor crónico, las enfermedades crónicas o terminales (cáncer, SIDA: 4% del total), y las intervenciones quirúrgicas o diagnóstico reciente de lesiones invalidantes y deformantes.



Manuel J. Gómez M.
Electrónica del Estado Sólido
Sección: 02

HIPONATREMIA COMO COMPLICACION EN EL MANEJO DEL PACIENTE PSIQUIATRICO

               Es frecuente observar en los pacientes psiquiátricos la ingesta compulsiva de líquido que recibe el nombre de polidipsia psicógena. Esta puede ser causada por el uso de neurolépticos  o presentarse en algunos trastornos psiquiátricos sin medicación psicotrópica. La ingesta excesiva de líquidos puede conllevar a un desequilibrio hidroelectrolítico tan importante que requiera de una intervención médica pronta y adecuada. La mayor complicación de una sobrecarga hídrica es el desarrollo de una hiponatremia la cual es responsable de una disfunción neurológica caracterizada por  letárgica, hiperexitabilidad, edema cerebral y coma. Algunos pacientes con polidipsia crónica desarrollan el síndrome de secreción inadecuada de hormona antidiurética con la probable consecuencia de llegar a una encefalopatía metabólica tan seria que ponga en riesgo la vida del paciente.

              La polidipsia no es más que la ingesta compulsiva y copiosa de grandes cantidades de líquidos. Esta se divide en  dos grandes grupos la dipsógena (PD) dada por aumento de la sed debido a una alteración en los mecanismos osmorreguladores. La polidipsia psicógena (PP) la cual no se acompaña de sed pero si de un deseo imperioso de tomar  líquidos asociado a una sensación placentera.

              

              La polidipsia se puede presentan en diversos trastornos mentales siendo de un 83% en los pacientes esquizofrénicos, la consecuencia más severa es la presencia de una hiponatremia asociada a la sobrecarga hídrica, importante tanto desde el punto de vista fisiopatológico como clínico ya que pone en riesgo la vida del paciente. La estimulación de los receptores muscarínicos por la acción de los psicofármacos, la afectación de los núcleos hipotalámicos que rodean el III ventrículo, el órgano vascular de la lámina terminal, aumento en la secreción de la hormona antidiurética y los estados hiperdopaminérgicos son solo algunas entidades asociadas en la génesis de la polidipsia.

               En los pacientes psiquiátricos con polidipsia crónica se ha descrito la presencia del denominado síndrome de secreción inadecuada de la hormona antidiurética postulándose como la causa más común de hiponatremia normovolémica. En los casos leves de hiponatremia basta solo la restricción de la ingesta. En los más severos con disfunción neurológica y edema cerebral se utiliza una infusión de cloruro de sodio.
               Aparte de la esquizofrenia en donde se encuentra el mayor porcentaje, (alrededor de un 83% de casos), la polidipsia psicógena puede asociarse a trastornos afectivos, retardo mental, autismo, alcoholismo, anorexia y bulimia nerviosa, organicidad cerebral y trastornos de la personalidad, aunque puede ocurrir en pacientes sin enfermedad médica o psiquiátrica identificable. Datos actuales revelan que la polidipsia psicógena se presenta en no menos del 20% de pacientes psiquiátricos crónicos hospitalizados y la mitad de este porcentaje presenta hiponatremia.

Manuel J. Gómez M.
Electrónica del Estado Sólido
Sección: 02



DISTINCION ENTRE TRASTORNO MENTAL Y ENFERMEDAD MEDICA

             Trastorno mental implica, desafortunadamente, una distinción entre trastornos mentales y físicos, (un anacronismo reduccionista del dualismo mente/cuerpo). Los conocimientos actuales indican que hay mucho de físico en los trastornos mentales y mucho de mental en los trastornos físicos.

             El término enfermedad médica, se usa como expresión para denominar enfermedades y trastornos que se encuentran fuera del capítulo de trastornos mentales y del comportamiento de la Clasificacion Internacional de Enfermedades (CIE). Hay que subrayar que éstos son sólo términos de conveniencia y, por tanto, no debe pensarse que exista una diferencia fundamental entre los trastornos mentales y los trastornos físicos. De igual modo, sería un error creer que los trastornos mentales no están relacionados con factores o procesos físicos o biológicos, o que los trastornos físicos no están relacionados con factores o procesos comportamentales
o psicosociales.

              Una concepción errónea muy frecuente es pensar que la clasificación de los trastornos mentales clasifica a las personas; lo que realmente hace es clasificar los trastornos de las personas que los padecen.

Manuel J. Gómez M.
Electrónica del Estado Sólido
Sección: 02
DSM-IV Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales